La mujer samaritana Parte I




Buscando a la más pecadora (Juan 4:1–9).


1Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. 4Y le era necesario pasar por Samaria. 5Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. 7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.


Los versículos 1–3 no son parte de la narración principal sino una transición. De acuerdo al versículo 2, aunque el bautismo se practicaba entre los seguidores de Jesús y con su aprobación, Jesús mismo no era el que bautizaba. (Ver 3:22–24.)

Jesús fue a la ciudad de Sicar porque sabía que allí había una mujer muy pecadora, con un corazón desesperadamente sediento. Jesús también sabía que en este lugar había un gran número de personas que al oírlo experimentarían el renacimiento que el Hijo de Dios ofrece. Jesús siempre ha ido en busca de los pecadores. El mismo declaró: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Yo no he venido a buscar justos sino a pecadores al arrepentimiento” (Lc. 5:31–32). Aún en pleno siglo XI, en un mundo con personas que tienen sed de vida eterna, esta declaración sigue vigente.

Pero además el Señor tenía que pasar por Samaria pues era la ruta más corta para ir desde Judea a Galilea (la más corta, pero no la más popular).

La hora sexta era el mediodía, cuando en la Tierra Santa hace un calor abrasador. Es el momento en que la gente se detiene a descansar. El relato señala que Jesús estaba cansado y sediento. A pesar de que el evangelista Juan desea enfatizar la divinidad de Jesús, también muestra que era humano.

Aparece en escena una mujer perdida, cuya vida moral era condenada aun en la sociedad de su tiempo. Esta mujer tuvo un encuentro que la transformó y la revolucionó moral, espiritual y socialmente.

De acuerdo al estricto código de los fariseos, hablar con una mujer samaritana era casi un crimen. Por un lado, evitaban relacionarse en público con las mujeres; y por otro lado, se agregaba el hecho del desprecio judío hacia los samaritanos. Ella, por su parte, no ocultó su resentimiento por encontrar a Jesús junto al pozo.2 Era una situación crítica. ¿Cómo dar el mensaje a quien era casi una alienada social? Jesús hallará un punto de contacto para llenar la necesidad espiritual de esta mujer.




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